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SETENTA Y CINCO ANIVERSARIO DE LA BENDICIÓN DE NUESTRA MADRE Y SEÑORA DEL MAYOR DOLOR

Mayor Dolor 01En el mes de Marzo de 1750 un grupo de devotos del Cristo de las Aguas decide constituirse en Hermandad al ver que son oídas sus súplicas después de sacar en rogativas a la imagen anónima de Crucificado. Como titular mariana tomaron a una imagen tallada pocos años antes por José Montes de Oca venerada como Nuestra Señora del Mayor.

Durante casi dos siglos ambas sagradas imágenes permanecieron como Titulares de la Hermandad en su sede trianera de San Jacinto. Pero la fatídica madrugada del 29 de Octubre de 1942 fueron pasto de las llamas las dos sagradas imágenes Titulares, el Santísimo Cristo de Las Aguas de Antonio Illanes que sustituyó al antiguo anónimo que los monjes dominicos trasladaron a Almagro, y la de Montes de Oca.

Pero la Hermandad renace de estas cenizas e incorpora un nuevo Cristo de Las Aguas, también de Antonio Illanes y una dolorosa, inspirada en la anterior, de José Romero Morillo, que se bendice el 18 de marzo de 1945, hace 75 años, en la iglesia del Protectorado de la Infancia de Triana.

NUESTRA MADRE Y SEÑORA DEL MAYOR DOLOR AL PIE DE LA CRUZ JUNTO SU HIJO EL SANTÍSIMO CRISTO DE LAS AGUAS.

El Concilio Vaticano II subraya la dimensión profunda de la presencia de la Virgen en el Calvario, recordando que "mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz", y afirma que esa unión "en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte" (Lumen gentium, 58).

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Con la mirada iluminada por el fulgor de la Resurrección, nos detenemos a considerar la adhesión de la Madre a la Pasión redentora del Hijo, que se realiza mediante la participación en su dolor. al pie de la cruz: "sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de Madre que, llena de amor, daba su consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima" (ib., 58).

Con estas palabras, el Concilio nos recuerda la "compasión de María", en cuyo corazón repercute todo lo que Jesús padece en el alma y en el cuerpo, subrayando su voluntad de participar en el sacrificio redentor y unir su sufrimiento materno a la ofrenda sacerdotal de su Hijo. Este consentimiento que da a la inmolación de Jesús no constituye una aceptación pasiva, sino un auténtico acto de amor, con el que ofrece a su Hijo como "víctima" de expiación por los pecados de toda la humanidad.

En el cuarto evangelio, San Juan narra que "junto a la cruz de Jesús estaban su Madre y la hermana de su Madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena" (Jn 19, 25). Con el verbo "estar", que etimológicamente significa "estar de pie", "estar erguido", el evangelista tal vez quiere presentar la dignidad y la fortaleza que María y las demás mujeres manifiestan en su dolor.

En particular, el hecho de "estar erguida" la Virgen junto a la cruz recuerda su inquebrantable firmeza y su extraordinaria valentía para afrontar los padecimientos. En el drama del Calvario, a María la sostiene la fe, que se robusteció durante los acontecimientos de su existencia y, sobre todo, durante la vida pública de Jesús. El Concilio recuerda que "la bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz" (Lumen gentium, 58).

A los crueles insultos lanzados contra el Mesías crucificado, ella, que compartía sus íntimas disposiciones, responde con la indulgencia y el perdón, asociándose a su súplica al Padre: "Perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lc 23, 34). Partícipe del sentimiento de abandono a la voluntad del Padre, que Jesús expresa en sus últimas palabras en la cruz: "Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu", (Lc 23, 46) ella da así, un consentimiento de amor "a la inmolación de su Hijo como víctima"(Lumen gentium, 58).

En este supremo "sí" de María resplandece la esperanza confiada en el misterioso futuro, iniciado con la muerte de su Hijo crucificado. Las palabras con que Jesús, a lo largo del camino hacia Jerusalén, enseñaba a sus discípulos "que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días", (Mc 8, 31) resuenan en su corazón en la hora dramática del Calvario, suscitando la espera y el anhelo de la Resurrección.

La esperanza de María al pie de la cruz encierra una luz más fuerte que la oscuridad que reina en muchos corazones: ante el sacrificio redentor, nace en María la esperanza de la Iglesia y de la humanidad.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.

NUESTRA MADRE Y SEÑORA DEL MAYOR DOLOR,

RUEGA POR NOSOTROS

Hdad. de las Aguas - c/. Dos de Mayo,1 - 41001 Sevilla. Hostgator coupons - Todos los Derechos Reservados.